BEŞİNCİ BÂB · İKİNCİ FASIL
El ser humano
de su propio cuerpo comprende la existencia del Creador, de sus propias cualidades, los atributos del Hacedor; de su derecho a disponer en el mundo de su propia forma, las disposiciones del Señor de los mundos en el vasto universo; y de su purificación de sí mismo [151/a], entiende y concibe la ejemplaridad y semejanza de la inmaculada esencia de Dios Altísimo, mediante seis puntos que manifiestan las señales del hombre perfecto.

