BİRİNCİ FEN · ÜÇÜNCÜ BÂB · DÖRDÜNCÜ FASIL · İkinci Madde
**Artículo Segundo**
Sobre los estados de la mañana, el amanecer y las sombras.
¡Oh, amado! Debe saberse que los filósofos y eruditos en astronomía, por unanimidad, han dicho lo siguiente: Que la aparición de la mañana y el surgimiento del amanecer son propios de la capa inferior de la esfera atmosférica, y su explicación es la siguiente: Debido a que el cuerpo del círculo solar es, según se explica en artículos anteriores, grande –en la cantidad indicada– con respecto a la superficie terrestre, siempre más de la mitad de la Tierra está iluminada por el día, menos de la mitad está oscura, y su sombra forma un cono, cuyo extremo termina en la estrella de Venus. El lado inicial de dicha forma cónica siempre ha sido tangente a la esfera de los signos, como se explicó anteriormente [69/b]. El tiempo en que la mencionada sombra cónica se encuentra por debajo del horizonte es el día. El tiempo en que se encuentra por encima del horizonte es la noche.
En este caso, cuando la fuente de luz más grande, el sol, está bajo la Tierra y se acerca al horizonte oriental, la sombra inclinada del mencionado cono se extiende sobre la superficie de la Tierra hacia el horizonte occidental. Hasta que los rayos que rodean la sombra cónica son visibles en el lado oeste. En ese momento, primero la parte cercana del amanecer aparece bastante elevada desde el horizonte oriental. Esta parte parece blanca. El espacio entre ella y el horizonte permanece oscuro.
Porque, desde la ubicación del observador, el triángulo formado por el lado blanco y la dirección del horizonte, cuyo ángulo entre los rayos del ojo y el blanco es menor que el ángulo entre el observador y el horizonte, se considera que comienza en la superficie de la sombra y sigue la línea trazada por los rayos del sol al tocar la Tierra. Luego, a medida que el sol se acerca un poco más al horizonte –el mencionado– la blancura comienza a extenderse.
Aunque su luz es escasa, parece débil. Los humanos llaman a esta –la mencionada– blancura "falso amanecer" (fecr-i kâzib), creyendo que es transitoria y desaparece. Pero esa blancura en realidad no desaparece ni es transitoria; al contrario, aumenta a medida que persiste. Como ocurre que, posteriormente, cuando el sol se acerca más al horizonte, la extensión de dicha blancura hacia el horizonte se amplía y su luz se fortalece, por lo que la iluminación nunca desaparece. Esto es lo que los humanos llaman "verdadero amanecer" (fecr-i sâdık). Después de esto, cuando el sol está muy cerca del horizonte, la mencionada blancura se extiende por completo y el punto donde el sol nace primero (matla‘-ı kamer) aparece rojo. Después de eso, el curso del sol emerge del horizonte y comienzan las primeras horas del día. Así es como ocurre y funciona lo que hemos explicado en su verdad con respecto a la mañana.
En cuanto a los estados del amanecer; su posición es opuesta –como se explicó anteriormente– al orden perteneciente al tiempo de la mañana. Porque, después de que el curso del sol sale por el horizonte y termina el día, el punto donde el sol se pone (mağrib-i şems) vuelve a ser rojo intenso. Después de eso, aparece una blancura extendida, y luego se cree que la blancura desaparece; pero en realidad se extiende y asciende. Es comprobado por la experiencia que cuando el sol desciende dieciocho grados por debajo del horizonte, es el comienzo del "falso amanecer" (subh-i kâzib) y el final de la hora del amanecer. Cuando el sol iluminado llega al punto de verano (munkalib-i sayfî) en cuarenta y ocho grados y medio de latitud, el final del amanecer termina abruptamente en el falso amanecer, sin que haya un tiempo para la oración del vespertino (diye bir şey ortada). Porque, cuando el sol iluminado está en el mencionado punto de verano, no desciende más de dieciocho grados por debajo del horizonte de cuarenta y ocho grados y medio de latitud.
En cuanto a las sombras; se dividen en dos partes: la primera se llama "primera sombra" (zıll-i evvel). A esta también se le llama "sombra reflejada" (zıll-i ma’kûs) o "sombra invertida" (zıll-i menkûs). Esta –la sombra descrita en estos términos– es la sombra de una vara erguida perpendicular a la línea del horizonte. Por ejemplo, es la sombra de cualquier vara clavada en una superficie plana (como una pared). La segunda sombra se llama "segunda sombra" (zıll-i sânî). A esta también se le llama "sombra plana" (zıll-i müstevî) o "sombra extendida" (zıll-i mebsût). Esta es la sombra visible de una vara erguida perpendicularmente sobre la superficie del horizonte. Por ejemplo, como la sombra de una vara clavada verticalmente en un terreno plano.
Glorifiquemos a Allah, el Exalted, que "abre las tinieblas y produce los amaneceres" [524] y crea las sombras, que son semejanzas de los cuerpos; Él es libre de toda imperfección [525].

