BEŞİNCİ BAB · ÜÇÜNCÜ FASIL · Sekizinci Madde
**Octavo Artículo**
Informa sobre las costumbres y la cortesía que el hombre debe observar al conversar y establecer intimidad con su esposa.
¡Oh, amado! Debe saberse que los hombres de virtud han dicho: Las costumbres y la cortesía del hombre al conversar e intimar con su esposa son treinta: El hombre debe ser de buen talante con su esposa, tratarla con gentileza. Debe hablarle con palabras agradables y dulces, con suavidad e intimidad, proferiendo palabras amables. Como se ha transmitido en la noticia: “El mejor del pueblo es el que es bueno para su familia.” [278] Al acercarse a su esposa, debe saludarla y preguntar por su salud [378/a]. Si la encuentra sola y alegre, debe acariciarle el cabello y hacerle diversos cumplidos. Si la encuentra sola afligida, debe mostrar compasión, preguntarle por su estado de ánimo y hablarle con dulzura. Debe apaciguar el corazón de su esposa con promesas útiles y beneficiosas.
Porque ella está encerrada en tu casa para ti, ha renunciado a toda esperanza más allá de ti y ha puesto todas sus esperanzas en ti; es tu compañera inseparable. Es la confidente con quien compartes tus tristezas, la única fuente de diversión con quien te recreas y el terreno donde continúa tu descendencia. Debe ayudar a su esposa en la educación de los hijos. Porque los niños pueden ser adversarios implacables, insensibles que lloran y gimen día y noche, impidiéndole tener un momento de descanso. Por lo tanto, Alá ayudará a aquel que ayude a su esposa en este asunto. Debe vestir a su esposa con ropa de la misma calidad que él usa. Debe darle de comer lo mismo que come. Si tiene los medios, debe ser generoso con sus provisiones. El hombre debe considerar como una deuda el proveer un lugar donde su esposa se siente y mantenerla económicamente.
Nunca debe golpearla ni hablarle mal por defectos relacionados con asuntos mundanos. No debe guardar rencor a su esposa por más de un día debido a defectos relacionados con los asuntos religiosos. Debe tratarla con suavidad y administrarla con una sonrisa. Porque está hecha de una costilla inclinada [con una naturaleza emocional dominante, carente de previsión y perspicacia] y tiene una sensibilidad religiosa disminuida [debido a su propensión al adorno]. En cierto sentido, ella es prisionera junto a él, pero ha sido tomada y desposada con la condición de que se le converse y se establezca intimidad con amabilidad. Cuando un hombre ve a su esposa comportándose mal, primero debe sospechar de su propio yo. Debe decir: “Si mi alma fuera reformada, mi esposa también sería reformada.”
Un santo preguntó a alguien por qué soportaba las malas costumbres de su esposa, y éste respondió: "Temo que si alguien se casara con ella sin poder soportar sus molestias, ambos caerían en una calamidad." Como se dice: “El hombre que soporta los caprichos de su esposa está exento de seis males: que a sus hijos no les den palizas, que no rompan platos, que no azoten bueyes, que no insulten gatos, que no expulsen huéspedes y que no rasguen ropa.” Debe permanecer en silencio cuando su esposa se enfade, hasta que la mujer se arrepienta de su acto y pida disculpas a su esposo. Porque ella es débil y se rinde con el silencio. Cada vez que la buena conducta de su esposa prevalezca y cumpla cada servicio con una sonrisa y amabilidad, debe hacerle buenas intenciones. Debe alabar a Alá Todopoderoso. Una mujer virtuosa que trata bien a su esposo es una bendición cuya gratitud no puede ser expresada.
El hombre debe comportarse ante su esposa de tal manera que ella sepa: “Mi esposo me prefiere y me ama más que a todas las mujeres.” El hombre debe consultar a su esposa sobre los asuntos del sustento y la administración del hogar, y no imponerle otras tareas importantes. Debe estar atento y tomar precauciones contra la posibilidad de que su esposa le sea infiel o le ponga trampas. Como nuestro ancestro Adán fue desobediente a Alá por invitación de nuestra madre Eva. Debe pasar por alto los defectos sin importancia de su esposa. Debe ignorar sus pequeños engaños. Debe ocultar los secretos y defectos de su esposa de todos. Debe llevarse bien con su esposa y hacerle cumplidos amables. Debe divertir a su esposa con juegos, excepto cuando se vista como mujer.
Como el Muy Noble Profeta (s.a.v.), en su comportamiento hacia sus purísimas esposas, era el más cortés entre los hombres. Incluso una vez, cuando compitió con su esposa Aisha, ella lo superó porque era débil y delicada. Luego, por el afecto de Aquel, Aisha engordó y se llenó comiendo alimentos que fortalecerían su cuerpo. Cuando compitieron nuevamente [378/b], esta vez Aquel la superó a Aisha, quien había ganado peso, diciendo: “Esto es porque tu aliento se obstruye al engordar.” Porque jugar y bromear con la esposa no es vano ni innecesario, sino una conducta apropiada, de la naturaleza de la adoración y la obediencia. No debe sentar a su esposa en balcones y ventanas donde la gente pasa. Para que la mirada no se desvíe hacia un extraño. Debe enseñarle a su esposa a leer el Corán, sus conocimientos religiosos y las buenas costumbres religiosas.
No debe vestirla con ropa lujosa y valiosa. Para que no salga a mostrar sus adornos, sino que permanezca atada a su casa.
*De una mujer de belleza exquisita y rostro puro,
Su adorno es un sello de turquesa.*
(Traducción del verso)
El hombre no debe emprender viajes, ni siquiera el Hajj sin el permiso de su esposa. Si su esposa es una mujer obediente y virtuosa, no debe casarse con otra persona. Para que no se quede privada de una buena vida mientras actúa con justicia y amabilidad. No debe revelar a su esposa sus tristezas y penas. No debe contarle sobre sus deudas (con todos los detalles). Debe hacer buenas intenciones para ella en voz alta y en ausencia. Porque ella está a su servicio día y noche. Es su cocinera, su chef, su modista, su lavandera y la guardiana de sus bienes. Además de todo esto, es su compañera inseparable, amiga y confidente.

