Cuando Ibrahim (Ibrāhīm) (la paz sea con él) y su hijo Ismail (Ismāʿīl) (la paz sea con él) estaban levantando y construyendo los muros de la Kaaba, suplicaron al Altísimo Allah: “¡Señor nuestro! Acepta de nosotros este servicio que hemos realizado. En verdad, Tú eres el que todo lo oye, el que todo lo sabe. ¡Señor nuestro! Haz que seamos sumisos a Ti, y de nuestra descendencia haz surgir una comunidad musulmana sumisa sólo a Ti. ¡Señor nuestro! Y suscita de entre ellos un mensajero que les recite Tus aleyas (āya, versículos), les enseñe el Libro y la sabiduría, y los purifique completamente.” (Shūrā: 52).
Fuentes
- Wāqidī, Maghāzī, 2/846; Azraqī, 1/274-275; Suhaylī, 2/138; Balādhurī, Ansāb, 1/356; Suhaylī, 7/138; Wāqidī, Maghāzī, 2/846; Azraqī, 1/274-275.

