Abū Bakr al-Bayhaqī, a través de Abū ʿAbdullāh Isḥāq b. Muḥammad b. Yūsuf al-Sūsī, transmite que ʿAbd al-Raḥmān b. Abī Akīl dijo:
"Fui al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él) con una delegación. Cuando llegamos a su casa, até mi camello en la puerta. Al entrar, no había nadie a quien detestara más que a él, pero cuando nos marchamos, no había nadie a quien amara más que a él. Uno de nuestros compañeros preguntó:
- ¡Oh Mensajero de Dios! ¿Por qué no pides a tu Señor que te conceda el reino que fue dado al profeta Salomón?
El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) sonrió y respondió:
- Pienso que para vuestro compañero hay ante Allah algo superior al reino de Salomón. No ha habido ningún profeta a quien Allah haya enviado sin que le dijera que pidiera un deseo. Algunos de estos profetas pidieron a Allah cosas mundanas, y Allah les concedió el mundo. Algunos, porque su pueblo no les obedeció, suplicaron contra ellos, y así fueron destruidos. En cuanto a mí, he reservado mi petición para el Más Allá, para que en ese Día pueda interceder por mi comunidad."

