Ibn Jarīr al-Ṭabarī y otros dijeron: Después de al-Yasaʿ, la situación de los Hijos de Israel se volvió deplorable y caótica. Cometieron grandes pecados y mataron a algunos de los profetas entre ellos. Entonces, Allah, en lugar de los profetas, les impuso gobernantes tiránicos. Estos gobernantes los oprimieron y derramaron su sangre. Además, Allah hizo que otras naciones se volvieran hostiles hacia ellos y las envió contra los Hijos de Israel. Cada vez que luchaban contra una de estas naciones enemigas, el Arca de la Alianza (Misak tabutu) estaba con ellos. Por este medio, la bendición y la ayuda de Allah les llegaban y resultaban victoriosos. Las reliquias dejadas por las familias de Musa (Moisés) y Harun (Aarón), que les proporcionaban consuelo, se encontraban dentro de esa Arca. Sin embargo, en algunas batallas contra los habitantes de Gaza y los de Maskalan, fueron derrotados. Perdieron su soberanía. Cuando el entonces rey de los Hijos de Israel se enteró de esto, su cuello se adelgazó, su rostro palideció y murió de aflicción. Los Hijos de Israel quedaron sin líder. Finalmente, Allah les envió un profeta llamado Samuel (Samoyel). Le pidieron a Samuel que les designara un rey para que los guiara en la batalla contra sus enemigos. Como resultado, se encontraron con los acontecimientos relatados en el Corán.
Ibn Jarīr al-Ṭabarī dijo: Desde la muerte de Yūshaʿ b. Nūn (Josué hijo de Nun) hasta el envío de Samuel como profeta, transcurrieron 460 años.

