En este año, el califa Muqtadir destituyó a su visir Abu Husayn ʿAlī b. ʿĪsā b. Jarrah. Pues entre este visir y Umm Musa al-Qahramāna había surgido una enemistad intensa. Por ello, el visir solicitó ser relevado de su cargo. Muqtadir lo destituyó, pero no se tocó ni a sus bienes ni a sus propiedades. Abū’l-Ḥasan b. Furāt solicitó el cargo de visir. Cinco años después de ser destituido, fue restituido en el visirato. El califa Muqtadir, en el día de tarwiya de este año, le hizo vestir siete túnicas de honor. Le entregó 300.000 dirhams en dinero, además de diez juegos de ropa, caballos, mulas, camellos y muchos otros monturas. Le dio su casa en la zona del harim. Él fue y se instaló allí. La noche en que fue nombrado visir, ofreció un banquete. En este banquete se emplearon 40.000 ritl (un ritl equivale a 460 gramos) de nieve, que se añadieron a los jarabes y se consumieron. A mediados de este año, circularon noticias en Bagdad sobre la aparición de un animal llamado zerneb, que deambulaba por la ciudad durante la noche y devoraba a los niños pequeños, atacaba a quienes dormían y arrancaba las manos de algunos hombres y los pechos de algunas mujeres. Por miedo, la gente subió a los tejados y golpeó morteros de bronce y otros objetos para ahuyentar a ese animal. Tanto fue así que, por la noche, se oían ruidos y estrépitos en toda Bagdad, de oriente a occidente. La gente fabricó refugios para sus hijos con ramas de palmera. Los ladrones aprovecharon este caos, perforaron muros y entraron en las casas, robando bienes y dinero. El califa, para que la gente viera esto y se calmara, ordenó capturar uno de los búfalos de agua y colgarlo sobre el puente; la orden se cumplió. Al verlo, la gente se tranquilizó. Regresaron a sus casas y se libraron de este tumulto, hallando alivio.
En este año, el médico Ṯābit b. Sinān fue nombrado responsable de la administración de los hospitales psiquiátricos de Bagdad. En aquel entonces había cinco hospitales psiquiátricos en Bagdad. Este médico era también historiador.
En este año llegó al califa una carta desde Jorasán. Según lo relatado en la carta, los jorasanos decían haber encontrado las tumbas de los mártires que fueron asesinados en el año setenta de la hégira. Los nombres de estos mártires estaban escritos en trozos de papel colgados de sus orejas. Sus cuerpos permanecían aún frescos, como el día en que fueron martirizados. Que Allah esté complacido con ellos.

