Era turco, una persona devota y asceta. Al amanecer, escuchó al muecín recitar una qaṣīda (oda) desde el minarete:
“Oh hombres de la noche, levantaos con celo; las súplicas hechas en este tiempo no son rechazadas. Quien no tiene determinación ni amor no se levanta de noche para adorar.”
Al oír esto, Meklebe comenzó a llorar y dijo al muecín: “Oh muecín, di más.” El muecín respondió: “La noche ha pasado, y mi amado ahora está solo.”
Ante esto, Meklebe lanzó un grito tal que inmediatamente después entregó su ruh (espíritu). Cuando llegó la mañana, la gente se reunió en su puerta. Entre la gente había quienes estaban alegres y quienes llegaron a su cadáver. Que el Altísimo Allah tenga misericordia de él.

