Al-Bayhaqī, en su obra "Dalāʾil", narra que Qatāda b. Nuʿmān dijo: «El día de Badr, mi ojo se deslizó sobre mi mejilla. Los Compañeros (ṣaḥāba) quisieron cortarlo y arrojarlo. Preguntaron al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él) sobre esto. Él dijo que no. Me llamó a su lado y puso su palma sobre mi globo ocular. Así lo curó. Pero ahora no sé cuál de mis ojos era.»
ʿUmar b. ʿAbd al-ʿAzīz, el Comandante de los Creyentes, nos dijo: ʿĀṣim b. ʿAmr b. Qatāda me relató este informe, y también le recitó el siguiente poema:
«Soy hijo de aquel hombre cuyo ojo se deslizó sobre su mejilla, y ese ojo fue devuelto a su lugar por la palma de Muḥammad al-Muṣṭafā, aunque ya se había enfriado.»
El difunto ʿUmar b. ʿAbd al-ʿAzīz, al relatarnos esto, lo vinculó apropiadamente con un poema que Umayya b. Abī al-Ṣalt había compuesto sobre Sayf b. Dhī-Yazan, y lo recitó así:
«Estas son virtudes sublimes; no son vasijas de leche mezclada con agua, para que luego esa leche se convierta en orina.»

