Fuiste creado. Su simplicidad es su humillación. Lo humillaste al unirte con la tierra. Por eso me separé de él y de mí faltaron dos partes más.
Cuando llegué al elemento aire, me transformé en aire. Él (Allah) me dijo: "El aire (rūḥ, el espíritu) en ti es lo que hay de Mí en ti". Este aire no se separó de mí. Porque no es necesario que sobrepase su propio valor, ni que saque su pie fuera de su alfombra. Debes desear algo distinto de aquello que corrompe tu alquimia. Si no fuera por él (el aire), tu alquimia no se convertiría en mesnūn (establecida, asentada, habitual). Yo, en cuanto a mi esencia, soy puro, no soy puro por mi amistad con los que me rodean. Cuando la amistad y vecindad de los que me rodean me contaminaron, se dijo: "En él hay barro asentado, y la suciedad de ese barro se le ha pegado". Porque ese barro está caracterizado por la suciedad.
Luego, Él, el ser que me transforma, me convirtió en una naturaleza capaz de percibir olores. Le pregunté: "¿Por qué lo retienes junto a ti?" Dijo: "Lo dejé junto a mí para que se purifique de la suciedad que se le pegó por tu corrupción y por estar junto con tu tierra y tu agua".
Cuando llegué al elemento fuego, se dijo: "Ha llegado el fehhār (barro seco)". Y se preguntó: "¿Se le ha enviado?" Dijo: "Sí". "¿Con quién?" preguntó, "Con Jibrīl (Gabriel) de fuerza irresistible, con quien está obligado a viajar y a separarse de sus hijos". Dijo: "En el momento de su nacimiento, hay en él una parte de Mí. No lo dejo con esa parte. Porque él era un ángel y alcanzó la estación donde se manifiesta el poder de quien tiene autoridad. Así, mi disposición quedó sola y ascendí al primer cielo. Conmigo, desde mi nacimiento corporal, no quedó nada en lo que se pudiera confiar o considerar. Aquí terminó la palabra del shaykh. (Este es el miʿrāj de análisis (el miʿrāj analítico).) Como indicó el shaykh en su ishāra (señal) y en lo que señaló, el nacimiento corporal allí se disuelve y se dispersa. Así como su composición ocurrió en proporción a la nisba (relación) de su conciencia, su disolución también depende únicamente de la conciencia del sālik (el viajero espiritual). (Esfār, 148)
Cuando el sālik convierte el malaka (disposición adquirida) en estado, ese estado se convierte en su maqām (estación espiritual). Así, en esa estación, actúa continuamente con ese estado. El ḥāl (estado espiritual) es algo que cambia. Es aquello que domina a su poseedor, pero sobre lo cual el poseedor no tiene dominio. (Qawānīn, 17)
Según los hombres (los sufíes), el sālik, después de haber alcanzado thabāt (perseverancia) en la luz de las contemplaciones...
