Alabado sea Allah que no lo pone en el corazón. (Qushayri, 79)
La envidia (ḥasad) es cuando tu rencor te obliga a desear la desaparición de una bendición que posee otro. Bajo esta influencia, te entristeces por la bendición que ha recaído sobre alguien, y te alegras si una calamidad hace que esa bendición desaparezca. Sin embargo, esto pertenece a las acciones de los hipócritas. (Iḥyāʾ, III, 224)
La envidia (ḥasad) es desear que una bendición de Allah, que es beneficiosa para tu hermano musulmán, le sea quitada. Si no deseas que esa bendición le sea retirada, sino que deseas tener una similar para ti, esto no es envidia (ḥasad) sino emulación (ghibṭa). (Minhāj, 35)
La envidia (ḥasad) consiste en cualidades innatas en los humanos y los yinn, como la ira, la emulación (ghibṭa), la avaricia, la codicia, la cobardía, la tacañería y otros rasgos similares. Es imposible que estas cualidades no existan en absoluto. Solo si la propia esencia (ʿayn) que las caracteriza deja de existir, estas cualidades desaparecerán. Como el Real (al-Ḥaqq) sabe que no es posible eliminar completamente estos dos tipos de cualidades, ha designado situaciones específicas para su uso. Cuando las empleas en los lugares prescritos por el Legislador (shāriʿ), las usas en un acto obligatorio (wājib) o recomendable (mandūb), y así realizas una acción loable. Si las usas fuera del ámbito legítimo, entonces cometes una acción censurable. (Futūḥāt, II, 192)
