Las nubes son el lugar de las luces (nūr).
Por eso, son el velo más cercano.
De ellas fluyen los conocimientos hacia el intelecto.
Por medio de ellas, el desvelamiento (kashf) se hace posible para los ojos.
En ellas están los relámpagos cuya luz nunca se apaga,
para purificar los ojos.
En ellas está el trueno cuyo estruendo nunca cesa, para nuestros oídos,
para declarar trascendentes los secretos (tenzīh).
Los rayos que no borran nuestras huellas ni formas,
su caída es para ayudar a nuestras huellas.
