Es la fuerza que significa equilibrio en este asunto. La cuarta es la justicia en equilibrar las facultades del nafs (nafs, el ego / alma inferior). (Iḥyāʾ, 164)
En cuanto a su relación con el ser humano, las facultades (capacidades) del nafs humano se dividen en dos: ʿālim (el que conoce) y ʿāmil (el que actúa). Cada una de estas se llama ʿaql (intelecto). Sin embargo, esto se debe a que comparten un nombre común. El motivo por el cual al nafs actuante se le llama ʿaql es porque sirve al que conoce, actúa bajo su mando y dentro de sus límites. La facultad actuante, entonces, es la fuerza y el significado del nafs. Como explicaremos más adelante, este significado es el punto en el que el cuerpo humano, pensando de acuerdo con lo que exige la facultad teórica que conoce (ʿaql), se mueve hacia acciones específicas, particulares e individuales. Las demás capacidades del cuerpo deben estar bajo el dominio y control de esta facultad actuante. Tanto es así que esta fuerza no debe verse afectada por ellas. Las otras capacidades permanecen quietas o se mueven según la disciplina y la ishāra (indicación) de esta capacidad.
Si la capacidad actuante cae bajo el dominio de las otras, surgen comportamientos que se someten a los deseos (shahwa). A estos se les llama akhlāq-i radhīya (moralidades reprobables). Si esta capacidad actuante domina (sobre los deseos), surge un estado de dominio (istilāʾ) en el nafs. A esto se le llama virtud y buen carácter. No es contrario a la razón que la sumisión y disciplina o el dominio y adiestramiento logrados en el tema de los deseos y facultades se denominen akhlāq (moralidad).
En consecuencia, no está lejos de la razón que la akhlāq (moralidad) sea una sola cosa con dos nisba (relaciones). Porque la actitud de sumisión de las otras capacidades está estrechamente ligada a la actitud de dominio de esta fuerza. Esto es lo que se entiende por akhlāq-i maḥmūda (moralidad loable). (Mīzān, 21)
Todas las virtudes (faḍāʾil) se reúnen en dos significados. El primero es la solidez de la mente y la facultad de discernimiento (tamīz); el segundo es el buen carácter. La solidez de la mente es poder distinguir entre el camino de la felicidad y la desgracia, y actuar en consecuencia; creer en la Verdad (al-Ḥaqq), no con taqlīd (imitación) débil y fantasías persuasivas pero endebles, sino con pruebas ciertas que produzcan yaqīn (certeza).
El buen carácter es liberarse de todos los malos hábitos que la sharia (sharia, la ley sagrada) ha explicado en detalle; aborrecerlos y así evitarlos como se evita la suciedad, y orientarse hacia los buenos hábitos, deseándolos y prefiriéndolos, y...
