La ḥaqīqat-i muḥammediyye (ḥaqīqa muḥammediyya, la realidad interior muhammadiana) es la Esencia (Zāt) que existe junto con la primera manifestación (taʿayyun). Posee bellos nombres. Estos son el Ism-i Aʿẓam (Ism al-Aʿẓam, el Nombre Supremo). (Kāshānī, 60; Jāmiʿ, 81)
La ḥaqīqat-i muḥammediyye es la Esencia que existe junto con la primera manifestación (taʿayyun), y este es el Ism-i Aʿẓam (el Nombre Supremo). Las aʿyān-i sābita (aʿyān thābita, las entidades fijas) son las determinaciones de los seres posibles en el conocimiento de Allah, y estas son las formas de las realidades de los nombres divinos en el grado de lo científico (ilmiyya). No se puede hablar de que sean pospuestas por Allah fuera de la Esencia y del tiempo. Son eternas y perpetuas. El significado de la relación (nisba) es el aplazamiento respecto a la Esencia, no respecto a otro. (Jāmiʿ, 240)
La ḥaqīqat-i muḥammediyye es la primera manifestación (taʿayyun) de la que emergen la profecía (nubuwwa), la misión (risāla) y la walāya (walāya, la amistad con Dios / santidad). De ella han surgido todas las manifestaciones (taʿayyunāt). Por ello, nuestro Profeta, el Honorable Muhammad, es el señor de la existencia y la raíz de todos los seres. Es el primero de los primeros y el último de los profetas. Está calificado con el Ism-i Aʿẓam (el Nombre Supremo) que pertenece únicamente a su Esencia, excluyendo a los demás profetas. Porque él es la fuente original de todas las manifestaciones (taʿayyunāt). (Rihla, 220)
Allah tomó una parte de Su luz (nūr). Esa es la ḥaqīqat-i muḥammediyye. Se manifestó en una forma perfecta. Allah creó a partir de ella lo que ha sido y será. También de ella creó a los dichosos (saʿīd) y a los desdichados (shaqī). Luego, esta luz se ocultó con los estados (aḥwāl) de estos dos grupos. Su igual es el corazón (qalb) más brillante, que es el kursī (el estrado). Sobre el trono (ʿarsh) de Él hay un resplandor luminoso. Él asiste a lo que ha sido y será.
