Si te encuentras en el ḥaqīqa (la realidad interior), es decir, en el estado de ḥaqīqa, (sabe que) ese es el estado de la walāya (la amistad con Dios). En ese ḥāl (estado espiritual), opónte a tu hawā (capricho, deseo) y cumple con todos los mandatos. La obediencia al mandato se divide en dos partes: La primera es que, respecto al dunyā (el mundo), tomes el sustento que corresponde a tu nafs (el ego / alma inferior), renuncies a los placeres, cumplas con las obligaciones prescritas y te ocupes de abandonar toda clase de pecados, tanto ocultos como manifiestos.
La segunda parte es la que proviene del mandato interior. Ese es el mandato de Allah. Él ordena y prohíbe a Su siervo. Estos mandatos se manifiestan en los asuntos permitidos (mubāḥ) sobre los que no existe ningún juicio en la sharia (la ley sagrada), en un sentido que no constituye un mandato obligatorio ni una prohibición. Más bien, es un ámbito en el que el siervo puede actuar como desee, cuya omisión o realización no tiene importancia, y por ello se denomina ḥālet-i ḥaqq al-ḥaqq. El siervo no puede establecer nada por sí mismo en este asunto, pero aun así espera un mandato. Cuando llega el mandato, obedece. Así, su quietud y su movimiento son con Allah. Esta situación es igual tanto en los asuntos sobre los que la sharia tiene un juicio como en aquellos sobre los que no lo tiene. En todo caso, actúa según el mandato que proviene del interior. Entonces, se convierte en un muḥiqq (aquel que realiza la verdad) entre la gente de la ḥaqīqa. Ya no queda en él ningún mandato interior. En ese estado, ese ḥāl (estado espiritual) se convierte en el acto puro (mujarrad) de la sumisión. (Futūḥ, 26-27)
