Hamd (alabanza) es una de las formas de tasbīḥ (glorificación) y tahlīl (proclamación de la unicidad de Dios). Esto es una acción exterior. Shukr (gratitud), sabr (la paciencia) y tafwīḍ (encomendar los asuntos a Allah) son también formas de ello. Esto, a su vez, es una acción interior. Pues shukr es lo opuesto al kufr (la incredulidad); mientras que hamd es lo opuesto a la censura. Hamd es más general y más abundante, mientras que shukr es más limitado y específico. (Minhāj, 83)
Hamd es el hamd del hamd. Esto es el livāʾ al-hamd (el estandarte del hamd); ya que reúne a las personas bajo sí mismo, es la forma más perfecta y más radiante de todas las formas de hamd, y la de rango más elevado. Es un signo del rango de dominio (mulk). El hecho de que el hamd del hamd abarque todas las formas de hamd es igualmente así. Pues esto es un hamd auténtico en el que ihtimāl (posibilidad), la duda y la sospecha no tienen cabida. Porque se origina en Su propia esencia. Es, en sí mismo, un estandarte. Si dices de una persona: "Es generoso", o piensas para ti mismo: "Es generoso", es posible tanto afirmar como negar esta alabanza. Si recibes un don de esa persona por medio de ihsān (la excelencia espiritual), atribuyes el don a él, junto con su generosidad. No puede incluirse ninguna otra posibilidad en esto. Este es el significado del hamd del hamd, y se ha expresado como livāʾ al-hamd. Se le llama estandarte (livāʾ) porque abarca todas las formas de hamd. Ni siquiera un solo hamd queda fuera de él. De este modo, el hamd se produce de todo poseedor de hamd; este es el resultado final. ¡Comprende! Porque reúne todas las formas de hamd, su sombra cubre a todos los que alaban. (Futūḥāt, II, 87)
Hamd es una alabanza general, a menos que sea restringida (taqyīd) por alguna circunstancia específica o por el hablante. Hay tres niveles de hamd: el hamd del hamd, el hamd del elogiado por sí mismo y el hamd de otro hacia él. A partir de aquí, se alcanza un cuarto nivel. Luego, en el caso de que algo se alabe a sí mismo, y en el caso de que otro lo alabe, hay dos aspectos: o bien se le alaba por el atributo de la acción, o por el atributo de la trascendencia (tanzīh). En este punto, el tercer hamd, que es el hamd del hamd, es la realización completa de las dos formas de hamd. Pues si no fuera así, no sería posible que fuera hamd. (Futūḥāt, II, 397)
