Es en la medida en que uno es hecho partícipe de ella. Esta, pues, es la ciencia de los awliyāʾ (walī / awliyāʾ, amigo[s] de Dios). Ellos aprenden las propiedades maravillosas que Allah ha puesto en las letras y nombres que afectan las cosas en los ámbitos de ḥaqīqa (la realidad interior) y ḥayāl (el mundo imaginal). Aunque esto, en sentido absoluto, es algo censurable, cuando se restringe se convierte en algo digno de alabanza. Esto es lo que se llama karāma (el prodigio de un santo) y fenómenos extraordinarios. Sin embargo, aunque de ellos emanen cosas extraordinarias, estas no se denominan magia; más bien, se llaman karāma. Según los sabios, esto es en sí mismo magia. Los magos de Moisés (Hz. Mūsā) continuaron en la ciencia de la magia a pesar de creer en el Señor de Moisés y Aarón (Hz. Hārūn), entrar en la religión de Allah y preferir la otra vida a la dunya (este mundo). Aunque conocían la magia, aceptaron el castigo que vieron de Allah a manos del Faraón. Según nosotros, la ciencia de la alquimia (ʿilm al-sīmiyāʾ) deriva de la palabra al-simatiyy, que significa 'signo'. Es decir, es la ciencia de los signos producidos por los efectos de todas las letras, nombres y palabras. (Futūḥāt, II, 132)
La karāma proviene del Nombre de Allah al-Barr. Por esta razón, sólo de entre Sus siervos...
