Es el conocimiento del gayb (lo oculto), es el conocimiento de la teheccüd (oración nocturna).
No posee ni una percepción sensorial ni una mirada racional.
En el maqām (la estación espiritual) de ayn (la esencia).
El descenso le otorga percepción sensorial y mirada racional.
En su ayn (esencia) hay una forma (ṣūra).
Con ella se elevan todas las formas (ṣuwar).
Si su Creador lo llama al miʿrāj (ascensión espiritual),
cada maqām (estación espiritual) le otorga un grado.
Esta vigilia, que no alivia la pena de la noche,
cuando toma prisioneros los párpados,
cuando el alba nace en el horizonte de sus ojos,
se erige ante él
un muro entre los nombres sublimes.
(Futūḥāt, 1, 219)
Es el conocimiento de la contemplación, es el conocimiento de la tawālī (sucesión de pensamientos).
Los que separan son los que ponen dentro de otros, son los tawālī.
El conocimiento de los resultados es su compañero,
esta compañía lo hace pertenecer al pensamiento.
Ellos son las pruebas.
Si realizas sus formas (ṣuwar),
como la mujer que está con el hombre,
como la prueba de la creación más sublime que los une,
son prueba de su ḥaqīqa (realidad interior),
de la orden "sé" (kun) en el mundo de las formas (ṣuwar).
(Futūḥāt, 1, 226)
ilm-i va'z (Sas 4 4İs) Este conocimiento es el que enseña a vivir como un asceta en el dunyā (el mundo) y a anhelar el ājira (la otra vida). (Ravza, 176)
