Qidem, para el siervo, se refiere a aquello que está establecido para él por el conocimiento del Real (al-Ḥaqq). (Iṣṭilāḥ, 540)
Qidem es aquello que el Real (al-Ḥaqq) decretó para el siervo como lo primero en la pre-eternidad (azal). Qidem es propio de quien ha alcanzado kamāl (la perfección), y entre los últimos dones divinos, cuando la aptitud (istiʿdād) se atribuye al siervo como nisbat (la conexión espiritual), se completa con el qidem. Porque el Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: “El Infierno dirá: ‘¿Hay algo más?’ Finalmente, Allah, el Compulsor (al-Jabbār), pondrá Su qidem en el Infierno. Entonces éste dirá: ‘Basta, basta para mí.’” (Musnad, III, 125) (Kāshānī, 143; Jāmiʿ, 92)
Se le llama qidem porque el qidem es el final de la forma (ṣūrah). La forma es lo último con lo que el Real (al-Ḥaqq) se acerca al siervo desde el aspecto de Sus Nombres. Cuando el Nombre se une con el siervo y se realiza en él, el siervo alcanza la perfección (kamāl). (Kāshānī, 144)
Qidem consiste en un juicio de necesidad esencial (wujūb dhātī). Wujūb es la manifestación del Nombre del Real (al-Ḥaqq) como el Antiguo (al-Qadīm). Pues aquello cuya existencia es necesaria por sí misma (wājib bi-dhātihi) no puede tener inexistencia antes de sí. Aquello que no tiene inexistencia previa debe ser, en juicio y en hecho, antiguo (qadīm). Porque qidem es el dominio del flujo del tiempo sobre aquello que es nombrado por él. El Real (al-Ḥaqq), sin embargo, está exaltado sobre esto. Su qidem es un juicio necesario debido a la necesidad de Su Esencia. De lo contrario, entre Allah, el Más Glorificado, y Sus criaturas, no hay ni tiempo ni un momento que los reúna. Más bien, el juicio de existencia que ha adquirido el nombre qidem es anterior a la existencia de la creación. (Insān, I, 62)
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