Kimyâ (la fórmula) consiste en contentarse con lo que se posee y renunciar a desear lo que no se tiene. El Príncipe de los Creyentes, ʿAlī (que Allah ennoblezca su rostro), dijo: «La satisfacción es un tesoro inagotable». ... Kimyâ-yı avâm (la kimyâ de la gente común) es intercambiar el bien eterno del más allá por los bienes efímeros del dunyā (el mundo material).
Kimyâ-yı havâss (la kimyâ de los selectos) consiste en purificar el qalb (el corazón) del universo, prefiriendo a su Creador por encima de todo. (Kāshānī, 71; Jāmiʿ, 94)
(Véase también kanāʿat).
kimyâ'-yı se"âdet Kimyâ-yı saʿādet (la fórmula de la felicidad) sólo se encuentra en los tesoros de Allah, el Altísimo. En el cielo están las esencias de los ángeles, y en la tierra los qalb (corazones) de los ʿārif (conocedores) awliyāʾ (amigos de Dios). Quien pretenda alcanzar esta kimyâ sin la estación profética se ha extraviado. Las obras de tal persona se convierten en moneda sin valor. Aunque se crea rico, en la qiyāma (el Día del Juicio) se encontrará en la ruina. (Kimyâ', 3)
Kimyâ-yı sandet es un conocimiento reservado a las cosas materiales y espirituales, a los cuerpos y significados que pueden ser medidos y pesados. El poder de esta ciencia se manifiesta en los cambios, es decir, en los diferentes estados de una materia. Es una ciencia natural, espiritual y divina. Decimos que es divina porque, con el cambio de los significados sobre un objeto, se producen aparición, desaparición, concomitancia y la atribución de diferentes nombres.
Entre lo que se concentra y lo que se difunde
los estados de las medidas
Nuestros monturas se extraviaron de sus caminos
La inalcanzable singularidad del secreto
La revelación desciende con los juicios que ordena
Consiste en mandatos y prohibiciones
(Futūḥāt, II, 267)
Kimyâ-yı saʿādet consiste en purificar y limpiar el nafs (el ego / alma inferior) evitando las vilezas; en adquirir virtudes y adornar el nafs con ellas. (Kāshānī, 70; Jāmiʿ, 94)
