Es un ḥāl (estado espiritual) que se encuentra en medio. Se ha dicho: El waqt (el momento) es cuando el siervo, sin su propia elección, entra bajo la disposición del Real (Dios).
También se ha dicho: El waqt es la exigencia del Real (Dios) y su manifestación sobre ti. Se ha dicho que el waqt es una lima que te disminuye, pero no te aniquila.
También se ha definido así: El waqt es todo aquello que te domina, y todo gira bajo su autoridad y disposición.
El fundamento divino del waqt es que Allah, Exaltado sea, se describe a Sí mismo como: "Cada día Él está en un asunto (fi sha'nin)" (ar-Rahman 55:29). En el ḥāl (estado espiritual), el waqt es la esencia, y su existencia se manifiesta sobre el individuo, es decir, aparece en el cosmos. Los actos (shu'ūn) del Real (Dios) también se manifiestan en los lugares de posibilidad (mumkināt). Así, en el sentido más verdadero, el waqt es el ḥāl (estado espiritual) en el que te encuentras. El ḥāl en el que te encuentras es idéntico a tu capacidad (isti'dād). Los actos (shu'ūn) del Real se manifiestan en ti según tu capacidad. Así, el acto (sha'n) está, en esencia, bajo Su autoridad, pues el juicio de la posibilidad y la capacidad del posible han causado que el acto del Real se produzca en él. ¿No ves que lo imposible no lo acepta?
La esencia del waqt no proviene de la dirección del Real, sino de la dirección de la creación (kawn). El juicio del decreto solo se aplica a lo creado. Así, el dueño del waqt es la creación, y el juicio es el específico de la creación. (Futūḥāt, II, 528)
El waqt son las afluencias (wāridāt) que se manifiestan sobre ti en tu ḥāl (estado espiritual) presente. Si se manifiesta por la disposición del Real, debes mostrar riḍā (complacencia) y someterte. Así, estás bajo el juicio del waqt y no se te ocurre nada más. Si está relacionado con tu propio esfuerzo, entonces debes aferrarte a lo que sea más importante para ti. No te ocupes de tu pasado ni de tu futuro, pues esforzarte por alcanzar el pasado es desperdiciar el momento presente en el que te encuentras. Lo mismo ocurre con preocuparse por el futuro, pues tal vez nunca lo alcances y también pierdas el momento. Por esta razón, el sufí realizado ha dicho: "El sufí es el hijo del momento (ibn al-waqt); cumple con las exigencias del momento." (Kāshānī, 53; Jāmiʿ, 104)
El waqt es el nombre del envoltorio del cosmos. Su primera hoja es el tiempo del éxtasis verdadero (wajd) en el que, a través de la luz de la gracia, se puede alcanzar la intimidad (uns). Este momento es o bien un fuego de anhelo encendido por la pureza (ṣafā) de la esperanza (rajāʾ), o por la sinceridad del temor (khawf) como protección (ʿiṣma), o por la llama del amor (maḥabba). Su segunda hoja es el viajero espiritual (sālik) que se pone en camino y camina entre los estados de transformación (talwīn) y de establecimiento (tamkīn). La tercera es, en ese momento, no la existencia (wujūd) en Él, sino la desaparición de la percepción en las formas. (Rawḍa, 491)
El waqt no es sino el ḥāl (estado espiritual) en el que te encuentras en el momento presente, sin preocuparte por el pasado o el futuro. Este es el tiempo entre dos inexistencias (el pasado y el futuro). Si tu waqt y tu ḥāl son lo mismo, eres ibn al-waqt (el hijo del momento). Te encuentras bajo el juicio del momento. (1172) vakt-ı dâ'im
Pues Él es existente, mientras que tú eres inexistente. Él es estable, mientras que tú no eres más que una imaginación. Si todos tus estados son de testigo en la obediencia y la servidumbre (ʿubūdiyya), eres de la gente del establecimiento (tamkīn). Si estás en el estado opuesto, eres de la gente de la transformación (talwīn). Según el primer caso, tu waqt es cercanía (qurb); en el segundo, tu waqt es lejanía (buʿd).
Sea cual sea tu estado, tu waqt debe otorgarte sus afluencias (wāridāt). Las afluencias de quien cuyo waqt es cercanía son del nivel de la cercanía; las afluencias de quien cuyo waqt es lejanía son del nivel de la lejanía. Quien abandona su estado y se entristece por el pasado es de los adoradores de la inexistencia, pues se ocupa de lo que no puede regresar y ha perdido lo que su estado requería. Esto es la mismísima inexistencia. El estado de quien se ocupa del futuro es igual. (Asfār, 324)
(Véase también: ḥāl/ahwāl)
