Es algo que surge. Consiste en corresponder al exterior con el exterior, al interior con el interior, a lo oculto con lo oculto y al secreto con el secreto. Es esforzarse por obtener un resultado favorable de algo que antes había resultado desfavorablemente. Así, tras su ocurrencia, se escribe a tu favor, y con cada paso y cada dhikr (el recuerdo de Dios), te vuelves más firme. Porque el siervo que se encuentra en el estado inicial recibe ciertas bendiciones. Estas bendiciones le ayudan e inspiran a ofrecer shukr (la gratitud). Atribuye la obtención de estas bendiciones a sí mismo. Sin embargo, una vez que se han afianzado en él como un nuevo grado, ya no las atribuye a sí mismo, sino a Allah. Todo asunto se remite así a Él. Estas son las explicaciones globales del aspecto exterior del conocimiento del éxtasis (wajd).
Nuevamente, Abu Saʿid al-ʿArabi dijo: El wajd (éxtasis) es encontrarse cara a cara con la alegría, alcanzar una contemplación elevada que no puede soportarse en poca medida y que tampoco puede resistirse en gran medida. Su efecto en la imaginación es estimulante, y su incitación al movimiento es continua. Por ello, surge un sentimiento de pesar, y a veces este pesar puede incluso desembocar en la muerte. Las manifestaciones del wajd en forma de llanto y expresión vocal indican que el wajd aumentará. Porque el wajd no puede comprenderse antes de que descienda. Su comienzo y su final son uno, por lo que no hay oportunidad de familiarizarse con él. El inicio y el final del wajd son como uno solo. Por eso, antes de que se alcance una alegría perfecta con su aparición, comienza la tristeza por su pérdida. Durante el wajd, el temblor, el desmayo, la inmovilidad de los miembros y el dominio del wajd sobre el intelecto se deben a la grandeza y la intensidad del influjo espiritual (wārid). Lo mismo ocurre con todo wārid inusual, que provoca inquietud y temor. En la llegada rápida y la desaparición instantánea del wajd hay una profunda sabiduría y una bendición manifiesta. (Lumaʿ, 385)
El wajd relativo al mundo no es un kashf (desvelamiento), sino más bien la contemplación del qalb (el corazón), la imaginación de la ḥaqīqa (la realidad interior).
