La relación intrínseca (münâsebet-i zātiyye) entre el Real (al-Ḥaqq, es decir, Dios) y el siervo se da de dos maneras. O bien la multiplicidad (kasra, abundancia) de las determinaciones y atributos del siervo no afecta la existencia necesaria y la unidad del Real, sino que más bien es afectada, de modo que la oscuridad de la multiplicidad se tiñe con la luz de la unidad del Real; o bien el siervo se caracteriza por los atributos del Real y realiza todos Sus nombres (asmāʾ).
Si estas dos relaciones se combinan, entonces el siervo se convierte en el verdaderamente buscado (es decir, el ser humano perfecto, al-insān al-kāmil). Si la primera ocurre sin la segunda, el siervo se vuelve amado (maḥbūb) y cercano (muqarrab). Es imposible que la segunda ocurra sin la primera. En ambos casos, existen muchos grados. En el primer caso, los grados surgen de que la luz de la unidad prevalezca sobre la multiplicidad en mayor o menor medida, o de que los juicios de la necesidad (wujūb) dominen los juicios de la posibilidad (imkān) con mayor o menor fuerza. En el segundo caso, los grados surgen de si el siervo realiza todos los nombres plenamente, o realiza algunos y no otros. (Kāshānī, 90; Jāmiʿ, 100)
