Namīma se refiere, en su mayor parte, a lo que hace una persona que mezcla y añade todo lo dicho sobre un tema al transmitir las palabras de otro. Es como cuando dices que alguien ha dicho tal o cual cosa sobre ti.
Sin embargo, namīma no se limita a esto. Su definición también abarca la revelación de cosas cuya manifestación no es deseada. En este sentido, no hay diferencia entre que le desagrade a quien originalmente habló o a quien se le transmiten las palabras. Incluso a un tercero podría desagradarle. No hay distinción entre si esta revelación se realiza mediante la palabra, la escritura, ishāra (gesto o señal) o la insinuación. Igualmente, no importa si lo transmitido es una acción o una palabra. Tampoco hay diferencia entre que lo revelado sea un defecto, una carencia o algo inexistente (todo esto entra en el ámbito de namīma). La ḥaqīqa (realidad interior) de namīma es arrancar el velo de un secreto o de una situación cuya revelación no sería deseada. Si una persona observa algún estado desagradable en otros, lo que le corresponde es guardar silencio al respecto, a menos que relatarlo beneficie a un musulmán o sirva para eliminar un pecado. (Iḥyā’, III, 192-193)
