La vileza del nafs (nafs—el ego / alma inferior) que surge de su disposición innata, de la carencia de perfecciones—véase rezīletü'n-noksān—no puede ser corregida por la fuerza.
Sin embargo, la vileza que aparece como una especie de extraña aflicción puede ser remediada, y por ello, su castigo no es perpetuo. (Ishārāt, IV, 28)
