Hemos encontrado la sidra como un maqām (estación espiritual). Allí existen ocho estaciones de mushāhada (testimonio espiritual). En cada estación de mushāhada hay panoramas tan sublimes que, debido a su gran diversidad, es imposible comprenderlos. Estas diversas visiones corresponden al dhawq (gusto espiritual) de los poseedores de esa estación de mushāhada. Lo que hemos llamado estación arriba es la manifestación del Real (al-Ḥaqq) en los lugares de manifestación. Esta manifestación consiste en la auto-manifestación (tajallī) del Real en las ḥaqīqas (realidades interiores) que le son propias y en los significados que pertenecen a la creación.
Podemos enumerar estas ocho estaciones de mushāhada de la siguiente manera: El primer grado es la auto-manifestación del Real Supremo por Su Nombre al-Ẓāhir (el Manifiesto), pero desde el aspecto bāṭin (interior) del siervo. El segundo es la auto-manifestación del Real por Su Nombre al-Bāṭin (el Oculto), pero desde el aspecto ẓāhir (exterior) del siervo. El tercero es la auto-manifestación del Real por el Nombre Allah desde el aspecto rūḥ (espíritu) del siervo. El cuarto es la auto-manifestación del Real por el atributo Rabb (Señor) desde el aspecto nafs (el ego / alma inferior) del siervo. El quinto es el grado de manifestación, que es la aparición del Nombre al-Raḥmān (el Misericordioso) en el intelecto del siervo. El sexto es la auto-manifestación del Real por el Nombre al-Ḥaqq desde el aspecto wahm (imaginación) del siervo. El séptimo es la maʿrifa (gnosis) de huwiyya (la Ipseidad divina). Aquí, el Real se manifiesta en la enniyya (individualidad) del nombre del siervo. El octavo es la maʿrifa de la Esencia divina (Dhāt), pero desde el aspecto mutlaq (absoluto) del siervo. En esta estación, la manifestación del Real ocurre mediante la realización de la perfección (kamāl) del siervo en la forma exterior e interior (haykal). Cuando la situación es como se ha descrito, el interior es con el interior, el exterior con el exterior, huwiyya con huwiyya y enniyya con enniyya. La más elevada de las estaciones de mushāhada mencionadas es esta. Más allá de esto está la aḥadiyya (la estación de la unicidad absoluta). Allí no hay rastro alguno de la creación, pues pertenece exclusivamente al Real. Esta estación está entre las características de la Esencia (Dhāt) del Ser Necesario (Wājib al-Wujūd).
Si algo de esta manifestación llega a una persona kāmil (perfecta), decimos que es una manifestación divina específica para él. Allí no hay rastro de la creación. De ninguna manera esa sidrat al-muntahā
manifestación puede atribuirse a la creación; necesariamente pertenece al Real. Por esta razón, la gente de Dios (ahl Allāh) ha prohibido atribuir la manifestación de aḥadiyya a la creación. (Insān, II, 85)
