El camino hacia la tazkiyat al-nafs (purificación del nafs—el ego / alma inferior) consiste en que las acciones que provienen de nafs puros y perfeccionados se conviertan en hábito. Es decir, cuando estas acciones se repiten con el tiempo y se vuelven habituales, empiezan a emanar del nafs como una disposición firme. Es necesario y deseable que estas acciones se conviertan en algo natural para la persona, como su propia naturaleza. En este estado, las buenas acciones que antes le resultaban pesadas empiezan a parecerle fáciles. Por ejemplo, el camino para quien desea la virtud de la generosidad es ocuparse de las acciones de una persona generosa. Esto significa distribuir bienes. La persona continúa esforzándose (gayret) en este asunto hasta que el acto le resulta fácil, y así, ella misma se vuelve verdaderamente generosa. De manera similar, quien está dominado por la arrogancia y desea adquirir la virtud de la humildad debe, con el tiempo, esforzarse continuamente en realizar las acciones de las personas humildes. (Mizān, 55)
La ḥaqīqa (realidad interior) de sabr (la paciencia) se alcanza cuando el nafs llega al itmi'nān (serenidad); y su serenidad se logra mediante la tazkiyat al-nafs.
