
Por ser Él al-Bāṭin (el Oculto), manifestó todas las cosas; y por ser Él al-Ẓāhir (el Manifiesto), plegó y anuló la existencia de toda cosa.
Traducción en Verso
El Señor Todopoderoso hizo manifiesto el universo
Pues Él es oculto, y en Su ocultamiento no tiene igual
Plegó por completo el rollo de la existencia de toda cosa
Pues Él es manifiesto, y en Su manifestación no tiene semejante
Explicación
Al considerar las implicaciones de los Nombres Divinos al-Bāṭin (el Oculto) y al-Ẓāhir (el Manifiesto), se observa una paradoja tan profunda que parece irreconciliable. Lo mismo ocurre con otros pares de Nombres opuestos, como al-Awwal (el Primero) y al-Ākhir (el Último), al-Qābiḍ (el Retenedor) y al-Bāsiṭ (el Expansor), al-Nāfiʿ (el Beneficiador) y al-Ḍārr (el Perjudicador), y otros similares. El ilustre autor, al señalar la reconciliación y armonización de esta paradoja, expuso esta sabiduría. Según la exigencia del Nombre al-Bāṭin, en los asuntos ocultos, nada puede asociarse a la Esencia Divina (Cenāb-ı Ḥaqq). Así, todas las cosas emergieron del secreto de la inexistencia hacia el ámbito de la manifestación. Toda la existencia es manifiesta, mientras que su Creador, Allah, es oculto. De igual modo, según la exigencia del Nombre al-Ẓāhir, en el límite de la manifestación del universo, nadie puede ser igual o comparable a la Verdad Suprema (Ḥaqq Taʿālā). Por lo tanto, el Existente Necesario (Cenab-ı Wājib al-Wujūd) pliega y elimina la existencia de las cosas, de modo que todo lo que no es Allah (mā siwā Allāh) no puede poseer manifestación o existencia verdadera por sí mismo, sino sólo una existencia relativa. Así, el verdaderamente existente, en todo sentido, es sólo Allah. Aquello que parece existir como una existencia de sombra, pero en realidad es inexistente, es todo lo que no es Allah.
Estas ramas de contradicción pertenecen a Sus atributos; al final, este conflicto y disputa se resuelve en la raíz.
