
La voluntad eterna de Allah respecto a ti no depende de ninguna de tus acciones. ¿Dónde estabas tú cuando, en la preeternidad, Su inayá (ināya, el favor divino) y protección se dirigieron hacia ti? En ese ámbito preeterno del Generoso Donador (al-Fayyāḍ al-Muṭīʿ), no existían tus buenas acciones ni tus buenos estados. Allí solo había gracia, dádiva y repartos.
Traducción en verso
La manifestación divina en ti, amado,
No es causada jamás por tus acciones.
¿Dónde estabas tú en el Día del Pacto,
En aquel instante de la gracia y el favor de Dios?
Cuando la inayá (ināya) se dirigió hacia ti,
Cuando la protección correspondió contigo,
En aquel día no había obras ni estados,
Solo existían el favor y la generosidad.
Explicación
Cuando la voluntad divina dispuso conceder las peticiones al ser humano en la preeternidad, el ser humano ni siquiera tenía el aroma de la existencia, pues aún no existía. Así, queda claro que la voluntad divina no estaba condicionada a las buenas acciones ni a las súplicas (dua) como causas. Pues el efecto se produjo antes de que existiera la causa.
Por lo tanto, lo que existía en el día de la preeternidad, cuando aún no existían las acciones y los buenos estados que pudieran servir de medio para la inayá (ināya), era únicamente generosidad, gracia y gran reparto. Así, no cabe duda de que la súplica (dua) no tiene efecto en alcanzar lo solicitado, ni las buenas acciones tienen efecto en alcanzar la inayá (ināya) de Dios, y mucho menos son la causa efectiva para entrar en el Paraíso o salvarse del Infierno. Por ello, Junayd al-Vāsiṭī dijo: “Ya que todos los estados y repartos en el mundo han sido asignados desde la preeternidad, y las acciones y juicios han sido ejecutados desde la eternidad, ¿cómo puede una persona alcanzar sus deseos materiales y espirituales solo con aspiración, o lograrlo por medio del esfuerzo y el trabajo?” “Allah distingue con Su misericordia a quien Él quiere.” (al-Baqara 2:105)
