
Todo depende de la voluntad divina. Sin embargo, la voluntad divina no depende de nada.
Traducción Poética
Todo se apoya en la voluntad (mashīʾa) del Señor
La voluntad (mashīʾa) jamás se apoya en las cosas, nunca
Explicación
Todos los existentes, en virtud de que su relación ocurrió en la pre-eternidad, dependen de la voluntad divina; por lo tanto, nada puede concebirse en el mundo fuera del ámbito de la voluntad divina. De igual modo, tampoco puede imaginarse la aparición o el acaecimiento de algo que no esté relacionado con la voluntad divina.
Puesto que la causa de todo es la voluntad divina, si se supusiera que existe una causa en la que la voluntad divina misma se apoya, esto implicaría que la voluntad divina del Excelso (Cenâb-ı Hak) depende o necesita de algo distinto a sí misma, lo que supondría atribuirle una cualidad de deficiencia, lo cual es imposible. El propósito de esta sabiduría, al igual que en los temas anteriores, es aclarar que la súplica (dua) y las buenas obras no pueden ser causas efectivas para la misericordia divina o la gracia preeterna. Pues es imposible que la voluntad divina (murād) sea contraria a la voluntad samadāni (la voluntad del Autosuficiente). Además, una vez que se afirma que el único sostén y causa eficiente de todos los existentes es la voluntad divina, se entiende que la súplica y las buenas obras no tienen efecto alguno sobre la voluntad de Allah.
En efecto, si la súplica y las obras tuvieran algún efecto, significaría que la voluntad divina depende de ellas, y que habría deficiencia en el Perfectísimo, el Excelso (Cenâb-ı Hak). Por lo tanto, lo que corresponde al sālik (viajero) en el camino de Dios (Hudā) es aferrarse a los decretos preeternos, trascender las causas y las obras, y, tras abandonar la planificación y la elección personal, permanecer ligado a la puerta de la servidumbre y la pobreza. Esto es la cortesía del tawhid (la unicidad de Dios), y el requisito del secreto de la tafrīd (afirmación de la unicidad divina). Sobre este asunto, las siguientes palabras verídicas de Abū Bakr al-Wāsiṭī son perlas que los gnósticos deberían llevar como pendientes en el oído de la inteligencia: “El Excelso (Cenâb-ı Hak) no está lejos del pobre por su pobreza, ni del rico por su riqueza. Como los fines mundanos no tienen valor ante Allah, no son causa ni de unión ni de separación. Si sacrificas este mundo y el otro (dunyā y ʿuqbā) en el camino de Dios (Hudā), Él no te admitirá por ello en el santuario de la unicidad (ahadiyya); ni, si posees todo este mundo y el otro, por ello te excluirá de la puerta de la divinidad. La cercanía al Excelso (Cenâb-ı Hak) es cercanía sin medio, y la lejanía es lejanía sin causa. Como dice Allah el Altísimo en el Noble Corán: ‘Y aquel a quien Allah no le ha dado luz, no tendrá luz.’ (al-Nūr 24:40). También se cuenta entre sus palabras sabias lo siguiente:
‘Puesto que todas las personas son empleadas dentro del ámbito de la voluntad divina y el poder señorial, en realidad, nadie se opone ni concuerda con el Excelso (Cenâb-ı Hak). Siendo Allah el Altísimo quien hace girar la noche y el día, y dispone de los corazones y las percepciones, ¿cómo puede siquiera concebirse oposición o acuerdo entre el Real (al-Ḥaqq) y la creación (khalq)?’
