No es difícil estimar que han existido miles de sufíes que han contribuido a la transmisión de la vida y el pensamiento sufí (taṣawwuf) hasta nuestros días. Algunos de ellos fueron quienes produjeron el pensamiento, mientras que una gran parte fueron quienes lo difundieron, transmitieron e interpretaron. Será útil mencionar brevemente a algunos de los derviches que guiaron el mundo sufí y le aportaron nuevas dimensiones mediante interpretaciones novedosas. Dado que algunos de estos personajes serán mencionados al presentar los clásicos o al proporcionar información sobre las vías sufíes (tariqa), sus nombres no se repetirán aquí.
En la fase fundacional de la vida sufí, surgieron escuelas (ekoles) según las regiones. Estas escuelas, al dar mayor importancia a ciertos temas y centrarse en ellos con esmero, formaron a las personas en consecuencia. Junayd al-Baghdadi enumeró las regiones donde vivían los sufíes en los primeros siglos y los temas que enfatizaban especialmente de la siguiente manera: en Bagdad, expresiones extáticas (shaṭḥiyya) y adoración; en Jorasán, el corazón (qalb) y la generosidad; en Basora, el ascetismo (zuhd) y la complacencia; en Damasco, la dulzura de carácter y la sumisión; en el Hiyaz, sabr (la paciencia) y el retorno a Dios (ināba).
A partir de esta observación, no sería incorrecto hablar de una escuela de Bagdad y una escuela de Jorasán en el sufismo (taṣawwuf). A veces, las regiones también se han identificado con ciertos nombres. Qushayri transmite lo siguiente: Hay tres personas en el mundo que no tienen un cuarto: Abu 'Uthman al-Hiri en Nishapur, Junayd en Bagdad y Abu 'Abdullah ibn Jalla en Damasco.
