Clásicos del sufismo · julio 4, 2026

Murīd–Murshid

Ya se ha señalado anteriormente que el camino sufí es una disciplina del nafs (el ego / alma inferior). En esta disciplina hay dos elementos fundamentales: el que disciplina y el que es disciplinado. El que disciplina se …

Ya se ha señalado anteriormente que el camino sufí es una disciplina del nafs (el ego / alma inferior). En esta disciplina hay dos elementos fundamentales: el que disciplina y el que es disciplinado. El que disciplina se llama murshid (guía espiritual, shaykh), y el disciplinado es el murīd (discípulo, aspirante).

El candidato a murīd tiene derecho a buscar y elegir a un murshid. Para ello, puede incluso emprender largos viajes. Debe esforzarse por comprender la conducta diaria del shaykh, la situación de las personas que ha formado, su actitud hacia la vida intelectual y su perspectiva sobre otras tariqas (vías sufíes). Tras estas "búsquedas", si decide vincularse a un shaykh y orientar su vida religiosa según los consejos y la guía de éste, debe entregar su voluntad a la del shaykh.

Murīd significa literalmente quien quiere o desea. Sin embargo, en la vida sufí, por el contrario, el murīd es quien no desea nada ni quiere nada, pues ha dejado toda su voluntad en manos de su shaykh durante cierto tiempo. La primera condición indispensable de esta relación dual es la sumisión. El murīd debe entregarse al murshid. Esto se debe a que el camino que va a recorrer ya lo ha recorrido el murshid. El murshid conoce todos los aspectos difíciles y oscuros de ese camino, así como sus aspectos engañosos y seductores. En la relación murīd–murshid no hay lugar para la objeción. Hay que decir "eyvallah" (que así sea) a todo.

Según los sufíes, donde no existe esta sumisión, no puede haber transmisión espiritual (fayḍ), ni puede realizarse la disciplina sufí. Los textos sufíes tratan extensamente los puntos a los que debe prestar atención el murīd. Al transmitir algunos de ellos, también se señalarán las actitudes requeridas del murīd en la vida cotidiana:

1. Se debe entrar en esta vida con lealtad y sinceridad. 2. Se deben abandonar todos los apegos del corazón relacionados con el mundo.

3. Nadie, salvo el shaykh, debe oír los secretos del murīd.

4. Se debe servir físicamente a los demás derviches. 5. Se debe considerarse a sí mismo en falta y a los demás murīds en lo cierto.

6. No se debe entrar en disputas relacionadas con el propio interés.

7. No se debe caer en el deseo de liderazgo o de destacar.

8. Se debe saber que no se puede esperar bien de un murīd que se enfada o se ríe a carcajadas.

9. Se debe esforzar cada día en aumentar el propio conocimiento y maʿrifa (el conocimiento de Dios). 10. Se debe considerar igual el ser valorado o no por la gente.

El murshid realiza la disciplina del nafs según el temperamento y la situación del murīd, utilizando diversos métodos. Por ejemplo, uno de los métodos aplicados a un murīd orgulloso y arrogante es enfrentarlo con la "mendicidad".

El periodo de murīd es una especie de etapa educativa intensiva. Quienes completan con éxito esta purificación se gradúan y asumen el papel de murshid. Sin embargo, esto no significa que todos los que ingresan en esta vida se conviertan en murshid. Dado que el murshid es un educador de personas, es evidente que no todos pueden lograrlo. Por ello, los sufíes han adoptado el principio: "No todo walī (amigo de Dios) puede ser murshid".

Otra verdad que se desprende de las expresiones de los maestros sufíes es la siguiente: Ser un murshid perfecto es tan difícil como ser un murīd suficiente y sincero.

Lo esencial en la disciplina sufí es el intercambio espiritual entre murīd y murshid. Sin embargo, los sufíes también creen que se pueden alcanzar grados espirituales beneficiándose de la espiritualidad de un murshid fallecido. A este camino se le llama Uwaysiyya, en referencia a Uways (Veysel) al-Qaranī.

El murīd ingresa en la tariqa (vía sufí) con la aprobación del murshid. A esto se le llama ināba, recibir la iniciación de la tariqa o afiliarse a la tariqa. El primer acto realizado junto con esta ināba es la tawba (arrepentimiento), es decir, borrar lo malo y lo negativo.

Las obras sufíes también tratan las cualidades que debe poseer un murshid.