La filosofía del sufismo, o la terminología del pensamiento sufí, señala la relación de esta vida con la contemplación (tafakkur). Por este medio, los sufíes primero cumplieron con el mandato de "conócete a ti mismo", y luego alcanzaron la realidad indicada por la afirmación "quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor". Con el tiempo, esta actividad se extendió hasta puntos que podrían considerarse un sistema independiente, como en la doctrina de la Unidad del Ser (waḥdat al-wujūd).
El aspecto más importante de la vida contemplativa de los sufíes es que garantiza el desarrollo de este pensamiento. Un elemento indispensable para el desarrollo es también la crítica (naqd). A primera vista, podría suponerse que los sufíes piensan de la misma manera respecto a la vida sufí, pero en realidad no es así. Así como existen diferencias entre ellos en cuanto a los términos técnicos fundamentales del sufismo, también hay perspectivas muy diferentes sobre sufíes como Ḥallāj e Ibn ʿArabī; de hecho, hay sufíes que son ellos mismos muy diferentes. Esta observación puede aclararse aún más con un ejemplo: Cuando se pregunta a los sufíes sobre la personalidad sufí del shaykh Bedreddin (m. Serez, 823/1420), se reciben tres tipos de respuestas. Un grupo dice: "Allah sabe, nosotros no sabemos; no decimos nada ni a favor ni en contra de él". El segundo grupo dice: "Persiguió la falsedad, estaba inmerso en el desvío, y el estado hizo lo correcto". El sufí Aziz Mahmud Hüdayi (m. Estambul, 1038/1628), quien escribió opiniones similares en un largo informe y lo presentó al Palacio, sostiene esta opinión. El tercer grupo de sufíes, sin embargo, piensa que él fue verdaderamente un murshid (guía espiritual), y que quienes no pudieron comprenderlo fueron víctimas de su propia ignorancia. Molla Ilahi, uno de los representantes más antiguos de este grupo, es conocido por su comentario sobre la famosa obra Yarida. Otra característica de Ilahi es que fue el primer gran representante de la Naqshbandiyya en Anatolia.
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